Las cosas cambian…
Nada permanece
intacto para siempre, el tiempo va dando forma a todo lo que toca.
Recuerdo este lugar
como una montaña infinita, un precipicio tierno y suave…., un lugar para saltar
y casi sentir el vértigo.
Ahora el viento ha
suavizado sus curvas y como el niño que se convierte en anciano, ha perdido
parte de su ímpetu y su perfil.
Pero llegar a este
lugar y sentarte sobre ella, al final de una tarde cálida, es uno de esos
placeres que no pueden describirse, tratar de hacerlo es inútil y además no
sería justo.
Cuando las palabras
no sirven, mi cámara se convierte en mi lápiz, y de nuevo, una imagen me
sorprende, para hacerme sentir toda la fuerza y toda la magia que allí arriba se
desprende….
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