Detrás de una fotografía
siempre, siempre hay una historia…
Había una vez un
lugar que miraba al mar desde lo alto de un cerro, y en ese cerro había un
gato.
Fascinada por su
cara, su pose y su elegancia al andar, decidí fotografiarlo…
Pero las cosas no
siempre salen como tenemos pensado.
Intenté llamar su atención
y me ignoró, lo perseguí pensado que se cansaría de mí, pero equivocada una vez
más, este gato pensaba lo contrario a lo que yo me había propuesto…
Harta de disparar, para solo conseguir momentos borrosos, donde mi “amigo” era el protagonista, me
senté y solté mi cámara.
Entonces me miró,
desafiante y altanero, triunfante…
Y ahí, decidí que la
foto sería mía…
Y entonces lo ignoré yo…
Lo sorprendí sentado
al comienzo de un sendero y ensimismado con el vuelo de algún pájaro…, ahí
estaba, perfecto para mí.
Fue una única foto,
no me regaló ninguna más, después desapareció.
Esta afición se
desborda de tesón, persistencia y constancia cuando decidimos inmortalizar algo
para siempre.
Hasta entonces
esperaré mi siguiente….
Había una vez..
