-Te confieso que no tengo un instante
sin pensar en ti, que cuando como y bebo tiene tu sabor, que la vida eres tú a
todas horas y en todas partes.
-¿y ahora?
-Ahora nada, me basta con que lo
sepas.
{Del amor y otros demonios, Gabriel García
Márquez}
Comencé este libro sentada en el alfeizar de una
ventana entreabierta, desde la que podía ver las montañas más altas que he
visto nunca, sin saber que en él, iba a encontrar las palabras exactas que
describen mi amor hacia el bosque más profundo.
No quiero cerrar los ojos por miedo a que todo se
borre, he dejado parte de mi alma en cada uno de los lugares que he acariciado
con mi cámara, en el musgo suave y húmedo que cubre la roca, en los senderos
que no conducen a ninguna parte, en el sol que me ciega mientras miro hacia la
copa de cientos de arboles, en el silencio, en el sonido de las hojas al caer,
en todo lo que me ha hecho casi llorar de felicidad.
Y he vuelto con la sensación de no volver del todo…




