Un
pueblo pequeño, una calle estrecha y un gato dormitando en la puerta de una casa…
Creo
que estos animales son extremadamente fotogénicos, quizás por sus ojos, quizás por esa elegancia innata con la que se
mueven, o simplemente porque a mí me encantan.
Me
acerqué despacio, no quería que saliera huyendo, me miró y acepto que estuviese
a su lado, pero….. no sé porque intuí que algo no saldría bien.
Poco a
poco lo enfoqué y cuando estaba a punto del click…se lanzó sobre mi brazo, me
mordió, me araño y dijo miau….aaaaaauuu!!! dije yo, mi intuición no falló.
Siguió
allí, sentado a mi lado, tranquilo y esperando que volviese a enfocarlo y….
mientras le preguntaba porque lo había hecho, alzó la vista y yo apreté el
botón.
No le
guardé rencor, al contrario, me fui de su lado agradecida de haber podido
robarle tanta belleza…
